
Ya con mi vida en cajas y embodegada, me faltaba desarmar la vida laboral que construí en Guangzhou.
La verdad es que fantaseé mucho acerca del momento en que iba a decirle adiós a mi jefe, compañero y asistentes. Será que fui la primera en llegar Guangzhou, que abrí la oficina, que tuve por un mes todo el changarro en mi departamento en lo que firmaba el contrato de renta del local, que entrevisté y casi contraté a todo el personal, que escogí el color de la alfombra, que cargué cajas con computadoras y equipo, que eché a andar el changarro desde cero… será por todo eso, además de que me llevaba bien con todos, que esperaba que mi despedida fuera algo importante. Me imaginaba algunas lágrimas, muchos abrazos, muchos “te vamos a extrañar”.
Pero resulta que me fui sin nada.
Los cambios que el changarro está viviendo trajeron mucho ajetreo en la oficina, por lo que todo mi proceso de partida se vivió en un segundo plano, no era la prioridad, lo cual en realidad no me importó sino hasta el final porque yo sabía bien que había muchas cosas más importantes.
Sin embargo, ya con actas firmadas, oficina levantada y asuntos terminados me di cuenta de que nadie se había preocupado por organizar ni una comidita para decirme adiós. Para no quedarme con las ganas comencé a organizarla solita dos días antes, así que le pedí a una de mis chinas que hiciera la reservación correspondiente y les avisé a todos el lugar y la hora. Sería el viernes 29 de agosto, el día de mi partida, a la 1 pm.
El jueves me fui a Hong Kong para cambiar los yuanes que me regresaron del depósito de renta a dólares de US ya que, aaaaah, otra de las “singularidades” de ese país, en China continental tal transacción es imposible. Regresé el viernes temprano y como mi jefe me había dado permiso de no presentarme sino hasta la comida, llegué al restaurante a la 1 pm.
En el restaurante pregunté por la reservación… no había ninguna, extrañada comencé a marcar el teléfono del changarro… no obtuve respuesta, le marqué a absolutamente todos y nadie me contestó… esperé 20 minutos y cuando por fin me cansé, me fui a la oficina a ver qué pasaba.
Pasó que me plantaron, me encontré por casualidad al patrón, quien como si nada me dijo que como yo no había llamado en la mañana, la había cancelado porque no sabía si iba a ir… creo que es una de las peores excusas que he escuchado en mi vida. “Pero bueno, si tanto quieres yo te invito a comer”, me dijo, en el elevador sentía cómo se iba apretando el nudo en mi garganta, sentía de todo, sobre todo tristeza por haber sido ignorada de esa manera y enojo por la falta de consideración de parte de todos. Cuando llegamos al primer piso me preguntó “¿a dónde quieres ir?” Y con mucho trabajo le contesté “la verdad ya no tengo hambre”, su respuesta fue “ah bueno”, se dio la vuelta, y se fue. Fue la última vez que lo vi.
Llamé al Hongkie Hero para desahogar mi pena y después esperé a que llegaran los demás sentada en el pasillo afuera de la oficina porque ya había entregado mis llaves. Cuando llegó la responsable de la reservación poco hice por aguantarme todas las cosas que quería decirle, lloré, grité, pataleé y grité más. ¿Cómo era posible que me hicieran eso después de que había sido no sólo su jefa, sino su amiga también? ¿Por qué no podía tener un último día en China sin problemas, por qué todo había sido siempre tan complicado? ¿Qué en verdad no tienen sentimientos?
Trataron de calmarme pero ya era tarde, el daño estaba hecho, me sentí muy lastimada por la actitud de todos, y sobre todo por la explicación estúpida: “es que en la mañana le pregunté al jefe si reservaba y me dijo que tú no habías llamado, y entonces no supe qué hacer y entonces mejor cancelamos todo para que él no se enojara”… Dios mío… ¿o sea que en lugar de llamarme al celular, que SIEMPRE estuvo prendido para preguntarme qué hacer, prefirieron hacerme la enorme grosería que me hicieron para evitar un “posible” enojo del jefe?
Creo que nunca había estado tan dolida, les reclamé todo lo que les quería reclamar a todos, menos al patrón, que cuando vio que estaba en la oficina decidió no entrar e irse a “dar una vuelta”. Y es que en serio, no hubo nada, ni una tarjetita de despedida, ni un regalito simbólico, ni palabras… nada. La explicación de mi compañero mexicano, al que yo consideraba un amigo de verdad fue “es que todos tenemos mejores cosas qué hacer que organizarte una despedida”. Wow, qué forma de aprender el valor que mi trabajo y mi amistad tuvieron en esa oficina.
Una de mis chinas corrió a Swatch a comprarme unos aretes, pero ya para qué, yo lo único que quería era una despedida decente y en cambio me fui triste y enojada de la que fue mi segunda casa por casi tres años. Esa misma china lloró conmigo porque también era su último día en el changarro (renunció la semana que anuncié mi traslado) y trató de consolarme y de explicarme que todos me querían mucho pero que le tenían miedo al jefe y no habían querido molestarlo.
¿Al jefe con el que siempre me llevé bien? ¿Al jefe que le tapé MIL y un cosas que tristemente no puedo escribir aquí? ¿El jefe por el cuál me quedé sin amigos gracias a un incidente que tampoco puedo contar aquí? ¿El jefe que siempre me había apoyado y se había portado bien conmigo?
¿Por qué habría entonces de oponerse a que yo tuviera una despedida? ¿Acaso entonces no era su culpa sino culpa de sobre todo una de mis chinas y su falta de capacidad para PENSAR y para SENTIR? ¿Y qué hay del otro mexicano? Yo sabía que era una persona complicada ¿pero tratar así a quién se ha portado siempre como una amiga contigo?
No lo entendí entonces y sigo sin entenderlo ahora ¿qué fue lo que pasó? ¿y por qué a mí?
No voy a dejar de contar la historia porque quiero que entiendan que eso NO se hace, que siempre hay que tratar bien a los demás y hacerles saber que su trabajo y su amistad de valoran. La próxima vez que un compañero se vaya, no dejen que lo haga sin siquiera una comida de despedida, créanme, se siente HORRIBLE.
Y si creen que lo malo de ese día había terminado, están en un error… todavía se iba a poner peor, mucho peor…
Dicen que las despedidas no son fáciles, pues esta de China, como todo este matrimonio, fue tormentosa como ella sola.