miércoles 9 de septiembre de 2009

Hace un año

Hace un año y unos días que me fui de ti para siempre.

Y ni te extraño, ni me haces falta. A veces me acuerdo de ti, sobre todo de tu comida, pero si hoy me pidieras regresar te diría mil veces que no.

Lo más sano que pude haber hecho es irme.

Qué bueno que me fui.

Porque ni te extraño ni me haces falta.

Feliz aniversario a mí.

martes 16 de diciembre de 2008

Hoy pensé en ti

Y no sé por qué... será porque hoy llega Xuni y ella nació allá, no sé.

Será porque mis sentimientos hacia el Scone van in crescendo y lo conocí allá, no sé.

Será porque ayer intenté armar la cama que compré allá y no pude y me frustré muchísimo, no sé.

Será porque el sábado fui a una fiesta y me puse un vestido que me encanta y que compré allá, no sé.

Pero me acordé de ti y pensé en ti largamente, con menos amargura que antes, creo que hasta con un poco de nostalgia. Todavía necesito distancia emocional de mis tres años contigo para verte con otros ojos, unos menos rencorosos, menos dolidos. Todavía necesito que pase más tiempo para volver a ver a uno de los tuyos sin coraje y sin prejuicios.

Pero me acordé de ti... mucho, tanto que cociné arroz al vapor y me lo comí así solito, con palillos.

miércoles 15 de octubre de 2008

¡Me mudo de blog!

Me mudé de ciudad, de país, de continente... lo más lógico era mudarme de blog.

Seguiré escribiendo de vez en vez aquí, sobre todo porque tengo pendiente una lista sobre las mil y un cosas que no saben de China y de mi vida en China, pero ya quería comenzar a escribir sobre el Tomatito.

Así que los invito a leer: Soaked in Ketchup

martes 14 de octubre de 2008

Farewell My Concubine III

La última y nos vamos

Triste fue mi despedida del changarrito que con tanto trabajo ayudé a construir, chillona como soy, lloré y lloré el desaire sufrido en compañía de una buena amiga, en cuya casa había vivido una muy linda despedida con todos los guangzhoulenses unas semanas atrás.

No se me hizo comer en mi restaurante cantonés favorito y me tuve que conformar con unas bolitas de pescado del 7 Eleven, esas que le dan asco a todos los extranjeros menos a mí que me volví loca por ellas. Mi vuelo salía a las 12 de la noche así que todavía tenía tiempo que perder en el depa de mi amigo, quien por cierto, estaba de vacaciones en México.

Según yo, empaqué lo suficiente para sobrevivir por un mes en lo que llegaba mi mudanza (ja, ilusa, un mes), pero aún así las dos maletas grandes y la chiquita no me eran suficientes para todo lo que llevaba. Descubrí que la ropa no era el problema sino por una parte los accesorios (zapatos sobre todo) y sobre todo la bola de cosas que nos untamos las mujeres. No miento al decir que el 70% del espacio lo ocupaban cremas para la cara, cremas para el cuerpo, perfumes, mascarillas, maquillaje, etc. Al tratar de levantar las maletas me resultó obvio que me iban a cobrar por exceso de peso, pero ya no había forma de dejar más cosas (y eso que todavía en el depa de mi amigo me deshice de mucho).

Había estado tan ocupada los días anteriores que no me había dado tiempo de apanicarme por la visita al Scone, pero ya comenzaba a rondarme por la cabeza la pregunta que tanto me temía: "¿qué carajos estás haciendo?" Pues quién sabe, pero ya no había marcha atrás, en un día estaría llegando a Manchester con mis enormes maletas.

Así que me vestí lo más airport chic que pude, respiré hondo y me dispuse a partir. Ya eran las 8 pm cuando estaba esperando el taxi afuera de los departamentos que tanto me gustaron y que fueron mi hogar durante esos años.

El taxista fue la continuación de un pésimo final en China. Cuando se bajó a acomodar mis maletas, escuché que le dijo en chino al de seguridad "la extranjera está muy muy guapa", a mí se me salió un "ashhhh" que le hizo darse cuenta de que yo le entendía, así que casi de inmediato trató de hacerme la plática en el camino a pesar de mis no muy sutiles señales al ponerme los audífonos y leer un libro.

Tanto insistió que cuando entramos a la carretera para ir al aeropuerto me quité los audífonos para ver qué quería. Comenzó entonces a decirme que yo era muy guapa y que le gustaba mucho y que si no quería tener un novio chino... imaginen mi cara de desconcierto y de confusión. La cosa se puso peor cuando en un tramo desierto y oscuro de la carretera me dijo que mejor se paraba para que platicáramos mejor, no bueno, el desconcierto se convirtió en miedo y recuerdo clarito cómo lo primero que pensé fue "ah no, tanto que tuve que aguantar estos tres años para que en el último día pierda con este pinche chino, eso sí que no", así que el miedo se convirtió en enojo y de los rincónes más recónditos de mi cerebro me salió el chino más florido que pude encontrar para exigirle que nos fuéramos rapidísimo al aeropuerto si no quería que se lo cargara... la chinita.

Y que se me ofende el chofer, claro ¿cómo pude osar a desperdiciar LA oportunidad de mi vida? Así que el muy imbécil se fue a 150 km/hr al aeropuerto y manejando, como les es natural, pésimo, pero honestamente yo iba pensando que mejor me mataba en la carretera a dejar que el pinche chino abusara de mí.

Total que llegué al aeropuerto, estresada por la bonita experiencia con el taxista y esperando que ahí terminaran los problemas... pero me equivoqué.

Después de lidiar con la multitud de gente que te quiere ayudar a llevar el carrito con las maletas llegué a la fila del mostrador de China Southern. Mi vuelo era con Air France, pero ya saben, el rollo ese de "operado por". Ahí me di cuenta de que ya me había vuelto mortal en China porque, ya que en el changarro me habían quitado mi súper acreditación, ya no podía formarme en la fila VIP ni recibir el trato que me habían dado todo el tiempo, así que ni modo, me tocó esperar y esperar mi turno.

Cuando por fin llegó, comenzaron los problemas ¿recuerdan que dije que estaba segura de que mis maletas iban a tener sobre peso? Pues sólo una lo tuvo... pero de once kilos. Lo que esperaba que pasara era que la tipita de China Southern me explicara cuáles eran mis opciones para que yo eligiera la más conveniente, según mis investigaciones, lo más barato sería pagarle como si fuera una maleta extra... pero no contaba con la astucia de la chinita.

El diálogo fue más o menos así:
- Su maleta se excede por 11 kilos
- Sí ya sé ¿cuáles son las opciones?
- ¿Opciones de qué? Se pasa por 11 kilos
- Pues de pago ¿pago por kilo o pago como pieza extra?
- No hay opciones, tiene que tirar cosas o pagar por kilo
- ¿Cuánto es por kilo?
- 100 USD
- Jajaja ¿queeeeeee?
- Sí, 100 USD, para un total de 1100 USD
- No bueno, eso es absolutamente irracional ¿está segura que son USD, no son yuanes?
- No, son USD
- A ver, pero, a lo mejor estamos pensando en números diferentes, escríbamelo
- No, son 1100 USD
- ¿Pero qué no se da cuenta que eso es casi el precio de Guangzhou a París?
- Son 1100 USD
- No, a ver, yo leí en Internet que me lo pueden cobrar mejor como pieza extra, hagamos eso
- No, no se puede, son 1100 USD
- ¿Podría revisar en su sistema? Yo sé que existe esa opción y es más barato
- No no existe, no se puede, no existe la pieza extra
- A ver (ya muy exasperada) no me está escuchando, yo quiero pagarlo como pieza extra y usted está totalmente cerrada con una cifra completamente irracional y no me está ofreciendo ninguna opción ¿es estúpida o sólo se hace la estúpida?
- ¿Por qué me insulta? Ya no quiero atenderla, váyase de mi mostrador
- Pues cómo ve que no me voy ¿y ve esto? (charolazo) Esto significa que o me terminas de atender o te armo un show que no te lo acabas, te lo juro, aunque yo pierda mi vuelo de aquí no me voy hasta que hagas bien tu trabajo y me digas qué opciones tengo
- Ya no quiero hablar con usted (haciendo puchero) que venga el de Air France
- Andale, eso me gusta más, tráelo

Llegó entonces el de Air France todo solícito conmigo y comienzó el diálogo siguiente:

AF- Disculpe señorita ¿cuál es el problema?
FC- Que tengo 11 kilos de sobre peso y la señorita de China Southern dice que tengo que pagar 1100 USD y que no existe otra opción
AF- Jajaja, ay ay ay, qué pena esta confusión, mire, pues cuando se pasa tanto lo que puede hacer es pagar una pieza extra de equipaje y serían 70 USD
FC- Ah, o sea 70 USD en lugar de 1100 USD ¿verdad?
AF- Así es
FC- ¿Y esa opción siempre existe o la está inventando para mí porque estoy enojada?
AF- No no, así es siempre
FC- (hacia la china) ¿¿¿¿VES CÓMO SÍ ERES ESTÚPIDA????

Y a continuación lo único que tuve que hacer fue pagar los 70 USD, entregar mi recibo y partir. Todo este relajito me costó 40 minutos que podrían haber sido 15 así que más enojada estaba. Cuando pasé cerca del mostrador vi que la china había estallado en llanto y atendía a los demás pasajeros entre sollozos. Uno de ellos me vio y movió la cabeza con desaprobación así que le dije "¿sabe qué? Yo viví en este país tres años y casi una vez por semana me tocaba llorar porque alguien hacía algo mal o no lo hacía o no me entendía o no me quería entender, así que no me conmueve que llore porque yo me la pasé llorando, y a ver cómo le va a usted cuando lo atiendan porque en efecto esa mujer es tontísima, buen viaje"... sí pues, la loca de las maletas rojas me llaman ahora.

Pero y si creen que con eso acabó mi martirio siguen muuuuuy equivocados.

Eso de perder todos mis privilegios apestó, así que no me salvé de la manoseada malencarada en seguridad, y créanme que no es nada agradable que te revisen en China, no conocen bien la diferencia entre checar a alguien y fajárselo sin su consentimiento.

Cuando por fin llegó el momento de abordar me puse muy feliz al ver que me tocó en un asiento para dos personas nada más, pensando que así el viaje sería mucho menos incómodo, pero nooooo no no, que me van sentando al lado a un chino flaco, pero que al igual que todos, desconoce por completo la noción de espacio vital, así que desde el principio invadió la codera común y subió una pierna en el asiento de enfrente de tal manera que invadía por completo mi asiento y me daba la sensación de estar atrapada. Además, el señor tenía gripa así que la sinfonía nasal y las expectoraciones no se hicieron esperar.

¿Qué podía hacer al saber que estaría 14 horas compartiendo asiento con ese individuo? Pues tomarme a toda prisa mi Taffil para caer como costal de papas. Saqué mi cajita, la abrí con cuidado y saqué la última mitad de pastilla que me quedaba, cual película, en cuanto iba a ponérmela en la boca, el chino me dio un codazo y mi pastillita cayó al suelo y nunca más volvió a aparecer... lo que me faltaba.

Así que ni modo, me iba a tener que aguantar el miedo y aguantar al chino. El despegue estuvo un poquito turbulento y entonces descubrí que mi compañero de asiento era más miedoso que yo, lo cual me puso peor a mí porque a cada brinquito del avión le seguía un salto de pánico del chinolo que desataba mi pánico también... socorro.

A falta de Taffil me tomé dos vasos de vino blanco... pero no me hicieron nada, mi compañero en cambio se tomó tres y casi de inmediato se quedó dormido... casi encima de mí... y yo sin poder dormir entre ronquidos y turbulencias, y así me pasé 14 horas.

La última vez que vi Guangzhou fue cuando despegamos y me asomé por un instante a la ventana, vi las luces que se hacían cada vez más pequeñas y recordé la primera vez que llegué en 2005 llena de incertidumbre y un poco asustada.

Me fui con sentimientos encontrados, sí, definitivamente feliz de irme, pero un tanto triste porque había sido mi hogar y el lugar que bien que mal me había hecho adulta. Fue mi primer lugar después de todo, y en él cometí muchos errores de los que espero haber aprendido lo suficiente para esta segunda aventura.

Lamenté mucho que mi último día hubiera sido tan malo, que todas las cosas que no me gustaron se hayan presentado todas juntas casi al mismo tiempo y que mi último sentimiento fuera de enojo contra la gente y su forma de ser, pero así fue. A lo mejor mi concubina escogió una forma dramática de despedirnos para que me fuera todavía más convencida y con un sentimiento apasionado hacia ella, aunque fuera de enojo.

Porque eso sí, pasión fue lo que nunca faltó estos años.

Y así, entre los ronquidos de mi vecino, le dije adiós a mi concubina.

Breast Cancer Awareness Month


Antes de que se me pase, no olviden que este es el mes para tomar conciencia sobre el cáncer de seno.

Quiéranse mucho, infórmense, examínense, donen, compren productos cuyas ganancias se donen a la investigación sobre la enfermedad, en fin... quiéranse, tóquense.

Y léanle: Breast Self- Awareness

lunes 13 de octubre de 2008

Farewell My Concubine II


Ya con mi vida en cajas y embodegada, me faltaba desarmar la vida laboral que construí en Guangzhou.



La verdad es que fantaseé mucho acerca del momento en que iba a decirle adiós a mi jefe, compañero y asistentes. Será que fui la primera en llegar Guangzhou, que abrí la oficina, que tuve por un mes todo el changarro en mi departamento en lo que firmaba el contrato de renta del local, que entrevisté y casi contraté a todo el personal, que escogí el color de la alfombra, que cargué cajas con computadoras y equipo, que eché a andar el changarro desde cero… será por todo eso, además de que me llevaba bien con todos, que esperaba que mi despedida fuera algo importante. Me imaginaba algunas lágrimas, muchos abrazos, muchos “te vamos a extrañar”.



Pero resulta que me fui sin nada.



Los cambios que el changarro está viviendo trajeron mucho ajetreo en la oficina, por lo que todo mi proceso de partida se vivió en un segundo plano, no era la prioridad, lo cual en realidad no me importó sino hasta el final porque yo sabía bien que había muchas cosas más importantes.



Sin embargo, ya con actas firmadas, oficina levantada y asuntos terminados me di cuenta de que nadie se había preocupado por organizar ni una comidita para decirme adiós. Para no quedarme con las ganas comencé a organizarla solita dos días antes, así que le pedí a una de mis chinas que hiciera la reservación correspondiente y les avisé a todos el lugar y la hora. Sería el viernes 29 de agosto, el día de mi partida, a la 1 pm.



El jueves me fui a Hong Kong para cambiar los yuanes que me regresaron del depósito de renta a dólares de US ya que, aaaaah, otra de las “singularidades” de ese país, en China continental tal transacción es imposible. Regresé el viernes temprano y como mi jefe me había dado permiso de no presentarme sino hasta la comida, llegué al restaurante a la 1 pm.



En el restaurante pregunté por la reservación… no había ninguna, extrañada comencé a marcar el teléfono del changarro… no obtuve respuesta, le marqué a absolutamente todos y nadie me contestó… esperé 20 minutos y cuando por fin me cansé, me fui a la oficina a ver qué pasaba.



Pasó que me plantaron, me encontré por casualidad al patrón, quien como si nada me dijo que como yo no había llamado en la mañana, la había cancelado porque no sabía si iba a ir… creo que es una de las peores excusas que he escuchado en mi vida. “Pero bueno, si tanto quieres yo te invito a comer”, me dijo, en el elevador sentía cómo se iba apretando el nudo en mi garganta, sentía de todo, sobre todo tristeza por haber sido ignorada de esa manera y enojo por la falta de consideración de parte de todos. Cuando llegamos al primer piso me preguntó “¿a dónde quieres ir?” Y con mucho trabajo le contesté “la verdad ya no tengo hambre”, su respuesta fue “ah bueno”, se dio la vuelta, y se fue. Fue la última vez que lo vi.



Llamé al Hongkie Hero para desahogar mi pena y después esperé a que llegaran los demás sentada en el pasillo afuera de la oficina porque ya había entregado mis llaves. Cuando llegó la responsable de la reservación poco hice por aguantarme todas las cosas que quería decirle, lloré, grité, pataleé y grité más. ¿Cómo era posible que me hicieran eso después de que había sido no sólo su jefa, sino su amiga también? ¿Por qué no podía tener un último día en China sin problemas, por qué todo había sido siempre tan complicado? ¿Qué en verdad no tienen sentimientos?



Trataron de calmarme pero ya era tarde, el daño estaba hecho, me sentí muy lastimada por la actitud de todos, y sobre todo por la explicación estúpida: “es que en la mañana le pregunté al jefe si reservaba y me dijo que tú no habías llamado, y entonces no supe qué hacer y entonces mejor cancelamos todo para que él no se enojara”… Dios mío… ¿o sea que en lugar de llamarme al celular, que SIEMPRE estuvo prendido para preguntarme qué hacer, prefirieron hacerme la enorme grosería que me hicieron para evitar un “posible” enojo del jefe?



Creo que nunca había estado tan dolida, les reclamé todo lo que les quería reclamar a todos, menos al patrón, que cuando vio que estaba en la oficina decidió no entrar e irse a “dar una vuelta”. Y es que en serio, no hubo nada, ni una tarjetita de despedida, ni un regalito simbólico, ni palabras… nada. La explicación de mi compañero mexicano, al que yo consideraba un amigo de verdad fue “es que todos tenemos mejores cosas qué hacer que organizarte una despedida”. Wow, qué forma de aprender el valor que mi trabajo y mi amistad tuvieron en esa oficina.



Una de mis chinas corrió a Swatch a comprarme unos aretes, pero ya para qué, yo lo único que quería era una despedida decente y en cambio me fui triste y enojada de la que fue mi segunda casa por casi tres años. Esa misma china lloró conmigo porque también era su último día en el changarro (renunció la semana que anuncié mi traslado) y trató de consolarme y de explicarme que todos me querían mucho pero que le tenían miedo al jefe y no habían querido molestarlo.



¿Al jefe con el que siempre me llevé bien? ¿Al jefe que le tapé MIL y un cosas que tristemente no puedo escribir aquí? ¿El jefe por el cuál me quedé sin amigos gracias a un incidente que tampoco puedo contar aquí? ¿El jefe que siempre me había apoyado y se había portado bien conmigo?



¿Por qué habría entonces de oponerse a que yo tuviera una despedida? ¿Acaso entonces no era su culpa sino culpa de sobre todo una de mis chinas y su falta de capacidad para PENSAR y para SENTIR? ¿Y qué hay del otro mexicano? Yo sabía que era una persona complicada ¿pero tratar así a quién se ha portado siempre como una amiga contigo?



No lo entendí entonces y sigo sin entenderlo ahora ¿qué fue lo que pasó? ¿y por qué a mí?



No voy a dejar de contar la historia porque quiero que entiendan que eso NO se hace, que siempre hay que tratar bien a los demás y hacerles saber que su trabajo y su amistad de valoran. La próxima vez que un compañero se vaya, no dejen que lo haga sin siquiera una comida de despedida, créanme, se siente HORRIBLE.



Y si creen que lo malo de ese día había terminado, están en un error… todavía se iba a poner peor, mucho peor…



Dicen que las despedidas no son fáciles, pues esta de China, como todo este matrimonio, fue tormentosa como ella sola.

viernes 10 de octubre de 2008

Farewell My Concubine I

Todo pasó tan lento y tan rápido a la vez que creo que hasta ahora estoy digiriendo todo este proceso.

La llegada a China fue un ataque brutal a mis sentidos: a mi vista, que no entendía nada en los letreros en las calles, en los papeles que caían en mis manos, en las botellas y empaques de todo lo que tomaba; a mi gusto, que conoció tantos y tan nuevos sabores, algunos sorprendentemente deliciosos, otros demasiado extraños; a mi olfato, que se enfrentó al olor tan diferente, y no necesariamente agradable, de la gente y de los lugares; a mi oído, que tuvo que acostumbrarse a no distinguir nada entre el murmullo de la gente, a no comprender de qué hablaban las canciones de moda; a mi tacto, que conoció sensaciones nuevas que no sólo se quedaron en mis manos sino que pasaron por toda mi piel por tantos y tantos masajes.


Mi voz dejó de serme útil al no poderme comunicar con los demás, pero aprendí a que mis manos hablaran por mí y entendí que hasta para eso existen diferencias entre nosotros. Me refugié mucho en el silencio y en la música para encontrar paz en medio de todo ese ruido incomprensible que había a mi alrededor.

Tal vez nunca llegué a superar esa saturación de los sentidos, que algunas veces me llenaba de gusto y otras de desesperación, que a veces disfruté y a veces repudié, pero finalmente, la sobreviví.

Crónica de un divorcio anunciado fue esta separación de mi concubina que por casi un año deseé, planeé y esperé. Cuando finalmente me anunciaron que se acercaba el momento de decir adiós todo comenzó a pasar demasiado rápido.

Desarmé una vida que no estaba tan enraizada pero que aún así conllevó la realización de varios trámites engorrosos y tardados; sin querer me aventé una gira del adiós que me llevó por última vez a Shanghai, Beijing y Hong Kong y a eventos tan importantes como la visita del Gran Jefe y los Olímpicos.

Tuve dos grandes despedidas, una en Hong Kong y otra en Guangzhou, que me dejaron ver que a pesar de todo tuve la oportunidad de dejar buenos amigos en ambas ciudades y a los cuales voy a extrañar.

Quizá me faltó sacarle jugo a Hong Kong, la última y alocada etapa que viví ahí ha sido una de las más divertidas de mi vida. No cabe duda, es mi ciudad favorita y he de volver a comer dim sum y a bailar hasta el amanecer.

El momento más impresionante fue el de la mudanza. En 99 cajas se va toda la vida que hice en China cuando llegué nada más con tres maletas que sólo tenían ropa y accesorios. Ahora me doy cuenta de que soy dueña de un comedor, una recámara, una sala, y muchos muebles más, incluida una pecera, y que todo está lleno de cosas que son mías y sólo mías, que he comprado con mi trabajo y con las que de alguna manera me he ido haciendo más independiente.



Mi Hongkie hero me acompañó un ratito en todo el proceso y todavía recuerdo cómo se veía todo lleno de cajas y medio desordenado, ya no tenía aspecto de casa, era sólo un lugar lleno de cosas por doquier cuando unas horas antes había sido mi hogar.



Dos días se tardaron en desarmar mi vida en Guangzhou y cuando el departamento quedó completamente vació me dio la impresión de que era más chico de antes, porque ya no era mi espacio, ya no era mío. Me salí con mis tres maletas rumbo a la casa de mi persona favorita en la ciudad que me prestó su departamento por unos días; antes de cerrar la puerta de mi departamento por última vez pensé en voz alta “es el último traslado que me aviento sola”, no porque no pueda -si algo me quedó claro como el agua es que no necesito de nadie para sobrevivir (lo cual me hizo sentirme orgullosa de mí misma de alguna manera) – sino porque no quiero, porque tengo ganas de que la próxima vez pueda compartir todo este proceso con alguien, por lo menos para que me convenzan de no comprar tres clósets más que quién sabe si vayan a caber en mi nuevo hogar (pero parece que no).



Mi vida personal estaba empacada, mis libros, mi piano, mis discos, mi ropa, mis zapatos y mis bolsas, mis muebles y muchas chácharas más… ahora nada más faltaba terminar de desarmar la laboral, pero resultó que no sería tan fácil como lo pensé…